Esencialismo Capítulo 5: Escápate
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Esencialismo Capítulo 5: Escápate

Con este capítulo 5 del libro Esencialismo de Greg Mckeown, Escápate, damos comienzo a la segunda parte del libro, Explora. Si en la primera parte del libro Greg nos guiaba para ayudarnos a definir lo esencial y comprender cuál es la mentalidad básica de un esencialista, en esta segunda nos mostrará, a través de los 5 capítulos que la componen, cómo podemos explorar y aumentar nuestra capacidad para distinguir las pocas cosas vitales de las muchas triviales.

Explora, distingue, y comprométete a lo grande

La introducción que el autor hace de esta primera parte es corta pero muy concisa; distinguir las pocas cosas vitales de las muchas triviales es fundamental. Paradójicamente, la persona esencialista explora muchas más opciones que la no esencialista.

Frente a la respuesta automática a prácticamente todo, la actividad frenética y el sobre-compromiso sin valoraciones previas, la persona esencialista explora y evalúa gran cantidad de opciones antes de comprometerse. Y cuando se compromete, se compromete «en grande», únicamente con las cosas vitales.

La atracción que nos arrastra hacia el no esencialismo es fuerte y constante

Frente al pensar y evaluar, nos atrae el movimiento rápido. Greg nos propone luchar contra esta atracción a través de cinco hábitos que nos ayuden a brindar espacio y tiempo para escaparnos, mirar, jugar, dormir y seleccionar.

Irónicamente, las propuestas que leeremos a través de toda esta segunda parte del libro suelen considerarse, socialmente en la actualidad, distracciones triviales. En el mejor de los casos, se les asocia a «algo agradable», a nuestro tiempo de ocio. En el peor, se les ridiculiza como evidencia de debilidad y desperdicio en una sociedad que antepone la ocupación a los resultados. Sin embargo, estas actividades son el antídoto perfecto a esa vida saturada, demasiado ocupada para prestarles atención. La persona esencialista dedica gran cantidad de recursos a explorar, escuchar, debatir, cuestionar y pensar. Esta exploración no es un fin en sí mismo, sino el camino a descubrir aquello que es esencial en nuestras vidas.

Los beneficios de no estar disponible

A través de este quinto capítulo del libro, Greg va introduciendo un ejemplo tras otro sobre como personas exitosas han descubierto los beneficios de aislarse por períodos de tiempo —en unos casos más regulares, en otros menos; en unos casos más largos, en otros menos— con el único fin de pensar, libres por completo de distracciones.

Sin una gran soledad, ningún trabajo serio es posible — Pablo Picasso

Entre todos estos ejemplos, hay lugar para empresas cuyos empleados dedican un día completo al mes para aislarse, hablar, mirar alrededor y pensar; aulas formativas sin sillas, con unos incómodos cubos para sentarse que no persiguen sino fomentar que las personas se levanten, se muevan, interactúen y piensen; incluso lugares que disponen de una «cabina negra» donde apenas caben tres personas, sin conectividad e insonorizada, cuya misión es brindar un espacio para meditar en solitario sin interrupciones.

Facilita el poder evadirte y pensar

El objetivo que persiguen estas y otras medidas, es siempre brindar un marco idóneo para facilitar que las personas puedan escaparse, evadirse, y puedan enfocarse en pensar sobre los cientos de preguntas y posibilidades que se abren ante nuestro ser cada día. En algunos lugares, incluso llevan a cabo dinámicas en grupo para despertar esa evasión mental. Sin embargo, no es necesario trabajar en una de estas empresas o disponer de un lugar concreto reservado a tal fin para reservarnos tiempo para pensar; un paseo, un banco del parque, un café en nuestro sillón favorito… está en nuestra mano crear un marco para ello.

Curiosamente, Greg toca en este capítulo un tema sobre el que he estado pensando días atrás. En nuestro mundo hiperconectado, lleno de dispositivos electrónicos y estímulos de todo tipo, es más difícil que nunca aislarse y pensar. ¿Recuerdas el aburrimiento? Hace unos años —no tantos— a tod@s nos ha tocado el día en que salías a jugar y tod@s tus amig@s se habían esfumado; quien no estaba siendo víctima de algún trágico castigo por alguna gamberrada estaba con sus padres recorriendo tiendas a la búsqueda de unas zapatillas último modelo.

Jugábamos sol@s, nos sentábamos, esperábamos, o regresábamos a casa a ver algo que no nos atraía en la televisión. O cuando teníamos que estudiar… yo mismo me he pasado en ocasiones horas frente a un libro, con la vista nublada y pensando en cientos de cosas, sin leer más allá del primer párrafo. Pensamientos necesarios que esperaban a las puertas de nuestra atención, clamando por un hueco para entrar. Los por aquel entonces adultos le daban vueltas a la cabeza sentados en el aeropuerto esperando la salida del vuelo que debían tomar, o sentados en la sala de espera de cualquiera sabe dónde. Todo esto ha desaparecido, como han desaparecido esas magníficas oportunidades para aislarnos y pensar.

A más vertiginosa sea tu vida, más necesitas evadirte y pensar

De nuevo una paradoja se abre ante ante nosotr@s; cuanto más rápida y ajetreada sea nuestra vida, cuanto más ruidosa y vertiginosa sea, más necesitamos de espacios tranquilos de reflexión y de incluir tiempo para pensar en ella. No importa cuánta prisa tengas, cuántas cosas tengas que hacer, ni cómo sea de apretada tu agenda. Lo necesitas.

Otro excelente consejo de Greg, con el que cierra el capítulo, es abrir espacio a la lectura. Se atreve además a recomendarnos algunas características específicas sobre qué leer; lecturas de textos o libros cuyo origen sea anterior a la hiperconectividad que nos acompaña hoy día y que hayan demostrado ser temas e ideas lo suficientemente esenciales —atemporales— para haber resistido el paso del tiempo. Según el autor, este tipo de lecturas nos ayudarán a ampliar nuestra perspectiva y pueden desafiar nuestras suposiciones sobre lo que realmente importa. ¿Qué opinas? ¿Te animas a comprobarlo?

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