Progresa y celebra tus logros
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Esencialismo capítulo 17: Progresa

Regresan las publicaciones al blog tras el parón veraniego, y en este caso lo hacen avanzando un pequeño paso más en la serie sobre Esencialismo de Greg McKeown con su capítulo 17: Progresa.

Estas palabras que acabo de dejarte, «avanzando un pequeño paso más» no han sido casuales. Son un pequeño spoiler acerca del contenido de esta entrada. 

Y es que a menudo, pensar en grandes resultados y querer comenzar con gran ímpetu a comerse el mundo es algo que se atraganta. En el mismo momento en que eres consciente de la inmensidad del resultado y de todo lo que te separa de alcanzarlo, pareciera que el camino comienza a ponerse cuesta arriba dificultando cada vez más y más tus avances. El resultado es que en muchas ocasiones terminas por desistir. Tras haber invertido un valioso esfuerzo en vano, tu recompensa es una frustrante sensación de derrota.

La buena noticia es que hay otro modo de verlo, de hacerlo, de sentirlo y de conseguirlo. Y este arroja mejores resultados con menos esfuerzos por tu parte.

Cada día haz algo que te acerque un poco más a un mejor mañana — Doug Firebaugh

El poder de las pequeñas victorias

Cuando Ward Clapham, un joven de ideas progresistas, fue nombrado comisario de policía en Richmond, Canadá, llegó cargado de nuevas y desafiantes ideas.

Una de ellas fue poner en marcha el programa Positive Tickets. ¿En qué se basaba este programa? Pues en poner en marcha un sistema de «multas positivas» que vendrían a premiar aquellas conductas positivas —con el objetivo de reforzar esta actitud— en contraposición a la connotación negativa que rodea a las  multas como las conocemos hoy, en forma de sanción.

La idea de Ward era que dando pequeños pasos en esta dirección —en el refuerzo de las conductas positivas— a largo plazo se conseguiría una reducción porcentualmente significativa en los comportamientos delictivos.

Estos «tickets positivos», una vez se obtenían, podían ser canjeados por pequeños premios del tipo una entrada de cine o de un espectáculo, bonos restaurante y cosas de este tipo. Sin embargo su valor en ocasiones iba mucho más allá.

Un ejemplo es el del adolescente que salvó a una niña de ser atropellada por un vehículo. Un policía le hizo entrega de su ticket y le dijo: “Has hecho algo maravilloso hoy, tú puedes marcar la diferencia”. El chico pegó su ticket en la pared de su dormitorio y cuando semanas después su madre le preguntó si no pensaba canjearlo, el chico respondió que no lo canjearía jamás. Representaba mucho más para él que una porción de pizza gratis.

Si multiplicas este caso por 40.000 tickets al año, te darás cuenta de porqué la reincidencia en actos delictivos en Richmond pasó del 65% al 8% durante 10 años de programa.

Ese refuerzo positivo te motiva, te ayuda a seguir esforzándote hasta que, con el tiempo, se convierte en algo natural.

La constancia y la repetición son poderosas

Tendemos a pensar que para hacer algo realmente grande, debemos comenzar a lo grande. Y no es cierto.

La investigación ha demostrado que, de todas las formas de motivación humana, la más efectiva es el progreso. Una pequeña victoria genera impulso y reafirma nuestra fe en éxitos futuros.

Por este motivo, en lugar de comenzar a lo grande para más tarde explotar perdiendo con ello todo el tiempo y energía invertidos, es recomendable pensar en términos de pequeños logros que nos ayudarán a generar impulso para dirigirnos hacia la siguiente victoria. Y hacia otra más. Y cuando queramos darnos cuenta, estaremos abrazando los resultados que perseguíamos.

Los pequeños logros aplicados a la vida cotidiana

El propio Greg nos relata cómo aplicó estos principios a su propia vida familiar cuando, junto a su esposa, fueron conscientes de que que sus hijos pasaban demasiado tiempo frente a dispositivos electrónicos y pantallas.

Trataron de limitar su uso, pero entonces no tardaron en aparecer fricciones.

En su lugar, establecieron un sistema de fichas. En cada inicio de semana le darían 10 fichas a cada uno de sus hijos, y cada una de ellas sería canjeable por 30’ minutos frente a una pantalla o por 50 centavos. Es decir, semanalmente 5 dólares en un extremo frente a 5 horas frente a una pantalla al otro. Y además, 30’ de lectura aportarían una ficha extra.

Los resultados fueron espectaculares. El tiempo frente a las pantallas decreció notablemente mientras el tiempo de lectura se disparó. Y todo ello sin fricciones.

Todas las personas podemos crear sistemas similares, tanto en nuestra vida personal como en la laboral. La clave se encuentra en establecer pequeños logros, alentar el progreso y celebrar nuestras victorias.

Los progresos mínimos viables

Una frase muy popular en Silicon Valley —y no solamente allí— es «algo terminado es mejor que algo perfecto».

Esta frase ya ha dado la vuelta al mundo en varias ocasiones y es citada a diario en cientos de entornos diferentes, uno de ellos el de los negocios.

La frase no se refiere a terminar algo con un grado de calidad ínfimo, sino a terminarlo del modo más rápido posible atendiendo a que cumpla el mínimo de calidad o características que nos sean útiles para el propósito que perseguimos. El Producto Mínimo Viable es ya un concepto imposible de eliminar de la ecuación en el proceso de desarrollo.

Y la misma idea podemos aplicarla al «progreso mínimo viable». ¿Cuál es la cantidad mínima de progreso que sería útil y valiosa —que generaría valor por sí misma— para este resultado que pretendo alcanzar?

Cuando nos centramos en progresos mínimos y recompensados y permitimos que nuestros propios logros retroalimenten nuestro camino y nos empujen a seguir, conseguimos mucho más que cuando nos enfrentamos de forma directa a metas imposibles en el corto plazo. Y reafirmar positivamente nuestros éxitos nos permite, además, disfrutar nuestro camino hacia los grandes resultados.

Como dice un gran maestro que conozco, el salchichón es el mismo si te lo comes en finas lonchas que si te lo comes a «bocaos». ¿Qué opinas?

Foto de Samuel Clara en Unsplash

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