Metodologías

Todo es cuestión de Perspectiva

Cuando inicias tu particular camino en el aprendizaje de GTD, lo habitual es hacerlo a través de la parte denominada control de la metodología. Es lo primero que buscas (algo tangible, físico), lo primero que lees y lo primero que tratas de implantar. El modelo de cinco pasos.

Incluso a través de la formación GTD® oficial, el primer nivel de formación se centra prácticamente en exclusiva en la parte de control, relegando el grueso de la parte denominada perspectiva al segundo —escuetamente— y, sobre todo, tercer nivel de formación.

Esta estructura tiene «un porqué» y es que, para trabajar la perspectiva con resultados satisfactorios, es necesario disponer de un espacio y claridad mental que solo cierto dominio y control sobre tu día a día puede aportarte.

Sin embargo, el control y la adecuada operativa del día a día consecuencia de su aplicación no dejan de ser meras herramientas a nuestro servicio que dependen de nuestra perspectiva para brindar su máximo beneficio. Es a nuestra claridad de ideas a quien alimentan y sirven. El control es el cómo, la perspectiva es el porqué y para qué.

La perspectiva determina qué haces para mantener el control

Si conoces GTD, sabes que a la hora de revisar tus listas para elegir con confianza qué hacer o qué dejar de hacer —en el quinto de los pasos del flujo de trabajo, Ejecutar— aplicas una serie de filtros que te ayudan a elegir.

El último de todos esos filtros —si llegas ahí, porque hay varias Siguientes Acciones que cumplen con los criterios en que se basan los filtros previos— se centra en tu prioridad, el más subjetivo de todos los filtros y momento en el cuál tu perspectiva, o claridad de ideas sobre qué va antes o qué va después, entra en juego.

Contemplando únicamente este dato, podría parecer no juega un papel tan importante en tu día a día y que, tengas mayor o menor claridad de ideas, harás cosas parecidas.

Pero hay más

Porque cuando algo entra en tu radar y entiendes que es urgente —lo suficiente para dejar de lado otras cosas y ponerte con ello de inmediato, o lo que es lo mismo, lo que se denomina «trabajo según surge»— es tu mayor o menor claridad de ideas sobre qué va antes o qué va después a quien escuchas.

Y cuando te encuentras aplicando el segundo de los pasos del flujo de trabajo, Aclarar, y te preguntas si «esa cosa» que tienes entre manos requiere o no requiere acción por tu parte, es tu perspectiva quien está detrás de tu respuesta. Tras toda pregunta subjetiva, tu perspectiva responde.

Todo es cuestión de Perspectiva

Tener controlada tu vida desde el punto de vista más operativo, el del día a día, te permite llegar a una posición privilegiada donde todo el espacio mental que liberas puede emplearse para mucho más.

Ese espacio mental es clave para poder escuchar sin ruido a tu «yo interior», gozar de una visión en altura a diferentes niveles de tu vida, y ser capaz de moverte con soltura y de un modo natural entre ellos.

Puedes ver estos niveles como peldaños de una escalera, donde en cada uno hay pistas que te ayudan a ascender o descender, según te interese. Al más puro estilo de una gincana en que solo juegas tú, un juego de crecimiento personal. Puedes bajar y subir, moverte libremente entre la parte alta y baja y detenerte a observar desde diferentes alturas, pero si te falta algún peldaño o alguna/todas las pistas que contiene tu facilidad de paso se resiente. A más pistas o peldaños te falten, mayor dificultad de paso llegando incluso a impedirte pasar.

Entendiendo el modelo de niveles de perspectiva en GTD

Hay diferentes niveles. De abajo a arriba y por orden, tus siguientes acciones y calendario, tus proyectos, tus áreas de responsabilidad, tus metas y objetivos, tu misión, y por último tu propósito y principios. Hay lecturas interesantes al respecto, esta es un buen comienzo.

Los dos primeros niveles comenzando desde abajo —es decir, tus siguientes acciones y calendario, y tus proyectos— tienen una representación explícita en tu sistema, mientras que la representación del resto de niveles es —o debería estar— implícita.

Fíjate, por ejemplo, en el primer nivel de abajo a arriba que no tiene una representación explícita en tu sistema, tus áreas de responsabilidad. Requieren fundamentalmente mantenimiento, este se traduce en recurrencias, y las recurrencias se ven representadas en tu sistema a través de checklists.

Es muy recomendable tener cada uno de estos niveles identificados y dedicarles un tiempo de reflexión cada cierto tiempo. No existe un plazo definido, cuando lo necesites. En mi caso, detecto rápidamente esta necesidad porque comienzan a asaltarme dudas, inseguridades e incomodidades en momentos concretos. Y se van acrecentando, si hago caso omiso.

Dudas sobre para qué hago algo o porqué le presto poca atención a aquello otro.
Inseguridades al tratar de tangibilizar a dónde me dirige lo que hago. Incomodidades difícilmente descriptibles, sensaciones de no estar haciendo lo que realmente quiero hacer.

El momento de la verdad, enfrentar lo que haces y lo que querrías hacer, tu dirección y tu destino

Hace unas semanas me encontré en esa situación. En ocasiones es muy duro enfrentarse a preguntas y poner todas sus respuestas, del modo más sincero posible, cara a cara.

Con el tiempo me he ido conociendo y sé que cuando esas dudas e inseguridades llegan arrasando, con fuerza, es que he abandonado radicalmente la senda que yo mismo he pretendido marcarme. Es un indicador de que algo va mal.

Esto es casi una evidencia de que las preguntas van a ser incómodas y las respuestas duras. Y sé que se avecinan cambios o sumisión. Tendré que tener el valor de hacer lo que creo que debo hacer, o aceptar la agria realidad de que el precio del cambio es demasiado alto si no puedo o no quiero pagarlo. Ninguna de las opciones es confortable, pero nadie dijo nunca que debiera serlo.

El precio de llevar las riendas de tu vida

Las preguntas son simples pero las respuestas son complejas. De abajo a arriba y de arriba a abajo, enfocando temporalmente cada uno de esos niveles y levantando la vista de nuevo. El árbol y el bosque, como dice el Sr. Allen.

Si en alguna ocasión has trabajado tu perspectiva tendrás notas y diferente material que habrás recolectado a lo largo del tiempo. Es material de muy alto valor, representa a tu «yo» en un momento concreto de tu vida. Es un diario condensado 1000 veces, a mucha mayor altura. Apóyate en él, pero no permitas que responda por ti. El mundo cambia y tú también lo haces. Que quisieras lograr o mantener algo dos meses atrás no es garantía de que lo quieras hoy.

¿Cuál es mi propósito? ¿Qué quiero realmente llegar a hacer, a ser, a lograr? ¿Qué me llena y me hace feliz? ¿Qué destaco por encima de todo lo que tengo o quiero? ¿Dónde quiero estar en cinco años? ¿Y en tres? ¿A qué me dedico ahora mismo, qué hago? ¿Para qué lo hago? ¿Cómo se traduce todo lo que hago en mi perspectiva a futuro? ¿Porqué hago lo que hago y no otra cosa? ¿Qué estoy haciendo para conseguir lo que quiero?…

La lista de preguntas es infinita

Todas las que se te ocurran pueden ser un maravilloso comienzo para rascar un poco más, y un poco más, y avanzar hasta que un día puedas sentirte una persona totalmente transparente para contigo mism@.

A otro lado se encuentran nuestros principios, presentes en cada cosa que hacemos y que determinan con fuerza cómo lo hacemos. En cada decisión que tomas sobre cómo hacer algo, están presentes tus principios. Sin embargo, cuando eso que queremos alcanzar o lograr requiere de trabajo a medio o largo plazo, de cientos e incluso miles de pequeños pasos, también es necesario levantar la vista del suelo y evaluar el conjunto de forma global.

En ocasiones nuestros principios también tienen mucho que decir. Puedes tener una alta claridad de ideas sobre a dónde quieres dirigirte pero estar recorriendo un camino equivocado. El fin no justifica los medios. Y un cambio sutil sobre el papel puede remover violentamente tu mundo.

Tengo las respuestas, ¿y ahora qué?

El resultado de este proceso es información. Es la información real, verídica, sincera y fiel que da respuesta a «qué harías tú» si estuvieras en tu propia piel. Has avanzado mucho, porque te conoces mejor y tienes más claridad sobre a dónde dirigirte —además de ciertas condiciones que debe cumplir tu ruta— si quieres serle fiel a la esencia de tu propia persona.

Pero también has avanzado poco, al menos en términos prácticos.

Está todo por hacer

Te encontrarás con frenos, externos e internos. La presión social. Tu propia zona de confort. Te encontrarás con personas que te animarán a escucharte y actuar en consecuencia y con otras que te dirán que es una locura o te aconsejarán en contra. Te encontrarás con compromisos adquiridos para contigo y con terceras partes que no encajan en tu nueva ruta. Y te surgirán dudas, y deberás regresar a las preguntas incómodas.

En ocasiones esos frenos conseguirán someterte. Puede que no tengas valor para hacer los cambios que tu voz interior reclama. Puede que no quieras faltar a compromisos adquiridos. Puede que el precio a pagar pese más en la balanza. No es una derrota. Somos personas. Puede que no haya llegado el momento. Pero llegará. O tu «yo» del futuro cambiará de ruta o de destino, quién sabe.

Sea como sea, cuando haces lo que debes tras haberte escuchado profundamente comienzas a impregnar de ilusión cada paso de tu camino. Cada vez te importa menos lo que piensen. Comienzas a caminar en la dirección correcta y a obtener resultados que sólo se obtienen cuando te apasiona lo que haces. No tienes ese run-run constante en tu cabeza, esa voz que trata de avisarte de que algo no va bien. Tus prioridades están renovadas y frescas, listas para ofrecerte elecciones de calidad. Estarás caminando en la dirección correcta, la que realmente es la tuya.

Saboreando los resultados de una alineación adecuada

Ahora puedes volver a centrarte en el control, en la ejecución relajada del día a día con la certeza de que estás haciendo lo que debes hacer y la tranquilidad de dejar de hacer el resto con total confianza.

Has cerrado el círculo en que todo se integra, en que puedes ver el árbol y el bosque con claridad meridiana con tan solo girar la mirada.

P.D.: Escribí esta entrada hace semanas. La escribí para mí, 100% para mí. Creo que puede serte útil en algún momento de tu camino, así que la he reescrito eliminando alusiones personales y tratando de que trasmita lo que necesitas.
Sin tecnicismos, sin rodeos. Sin modificaciones de texto para mejorar el SEO, solo alguna cabecera para hacerlo legible. Sin foto para representar algo irrepresentable o atraer lectores/as indecisos/as. Como ha querido salir, sin filtros ni censuras. Suerte en tu camino.

8 Comments

  • Francisco de Paula Juárez Roldán

    Enorme Sergio!

    De verdad, que claridad nos has mostrado en este escrito. Ser capaces de llevarlo a cabo ya es otro cantar, pero motiva enormemente al mostrar cuál es el sentido de este camino de GTD.

    Enhorabuena por la profundidad y sinceridad de esta entrada y mil gracias por haber tenido la generosidad de compartirla!

    • Sergio Pantiga

      Hola, Francisco

      Muchas gracias por tus palabras 🙂

      Llevarlo a cabo ya es otro cantar, como dices. Pero si lo que nos define como personas es lo que hacemos, qué menos que tratar de hacer lo que nos defina.

      Seguimos compartiendo sobre efectividad y GTD, y recorriendo nuestro particular camino junt@s.

      Abrazo!

  • Luis Sánchez Blasco

    Sergio! con este texto haces hasta que parezca sencillo dominar la perspectiva, que es algo que como bien dices requiere su tiempo lleno de presuntas simples y respuestas complejas.
    Un abrazo amigo

    • Sergio Pantiga

      Hola Luis

      Sin duda requiere su tiempo. Y ganas, y momentos de soledad e introspección. Pero nada que no esté al alcance de cualquier persona que quiera y se comprometa a invertir en sí misma.
      Y para el resto de momentos que no requieran de esa soledad, seguimos lanzando cabos a quien venga detrás y quiera agarrarse a ellos para avanzar junt@s. En compañía todo es mejor.

      Muchas gracias por tu comentario, un abrazo fuerte.

  • Laura Sastre

    Un post para enmarcar y para leer una y otra vez.
    Gracias por compartir tanto y hacerme reflexionar ¡has sacudido muchas cosas!
    Introspección y honestidad en estado puro. Eres muy grande Sergio.

    Un abrazo, amigo.
    Laura.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir al contenido